Protesta de Baraguá


La patria primero

Por: Alexis Quiala Ferrer
Martes, 15 de marzo del 2011

Cuando el joven general mambí Antonio Maceo Grajales, en la mañana del 15 de marzo de 1878, le dijo al general español, Arsenio Martínez Campos: “Guarde usted ese documento, general.

Nosotros no nos atenemos a pactos donde está en juego la libertad de la Patria.”

Había nacido una nueva calidad de héroe en la Isla de Cuba y los líderes salidos de las masas populares se ponían al frente de una guerra que duraba ya casi diez años.

Fue un encontronazo el que tuvieron Maceo, al frente de los insurrectos orientales y Martínez Campos, representante del Ejército colonial español en Cuba, en la reunión de los Mangos de Baraguá.

Ocurría así, en los montes orientales, para la historia de nuestro país uno de los momentos más importantes y el hecho que salvó la honra libertaria cubana luego de los diez primeros años de lucha de un pueblo en formación como nación contra su metrópoli.

Pero el restaurador, quien había llegado a Cuba en 1876, luego de participar en la restitución de la monarquía española era considerado el hombre fuerte de España y tenía experiencia de la guerra en Cuba; no iba a realizar un viaje tan peligroso y azaroso en vano: Miró a Maceo y el grupo que lo acompañaba y en tono conciliador dijo: “Caballeros, he venido hasta aquí para lograr un entendimiento entre hermanos. Creo que es hora de deponer las armas y vivir en paz.”

Del grupo de los mambises el Doctor Félix Figueredo le contestó: “Como que paz luego de diez años de guerra. ¿Paz sin abolición de la esclavitud y sin independencia?”

En un último intento, el pacificador, quien ya había anunciado a Madrid el fin de la guerra en Cuba, ripostó: “¿Qué pasa, caballeros, es decir que no nos entendemos?

Antonio Maceo lo miró de arriba abajo. Ya Martínez Campos se notaba malhumorado y su escolta nerviosa. El jefe mambí lo señaló con el dedo y le contestó: “No general…No nos entendemos. Guarde usted sus documentos porque la sangre de mis hermanos vale mucho y no hemos peleado y sufrido tantos largos años para regresar al punto de partida.”

El general español insistió: Entonces, ¿volverán a romperse las hostilidades?

¡Volverán a romperse las hostilidades!, acentuó Maceo significativamente.

Y Martínez Campos, apelando a su astucia y tratando de corromper a los guerreros orientales dejándolos gozar de un indefinido período de calma, dijo a Maceo y sus oficiales más cercanos:
“No quiero abusar de la situación de ustedes: comprendo que aquí hay jefes de regiones apartadas que antes de principiar operaciones deben hallarse en sus respectivas zonas; en este caso, ¿qué tiempo cree usted que necesita para que vuelvan a romperse las hostilidades?

“Por mi parte -contestó Maceo- no tengo inconvenientes en que se rompan hoy mismo.”

Pero después de algunas explicaciones, Martínez Campos aceptó un plazo de ocho días para reanudar la guerra.

“El 23 se rompen las hostilidades”, dijo Maceo dando por terminada la entrevista.

El general Martínez Campos, más que desairado, corrido, se levantó, hizo un saludo descubriéndose y, precipitadamente se dirigió a su caballo, sobre el cual saltó, desapareciendo bruscamente a la carrera, seguido por su escolta y el guía.

Muchos años después, el siete de mayo de 1895, escuchó Martí, por el camino de Barajagua, el relato de Zefi, uno de los allí presentes, sobre cómo terminó la conferencia de Maceo con Martínez Campos: “El hombre salió colorado como un tomate y tan furioso que tiró el sombrero al suelo y me fue a esperar a media legua.”

¿Por qué Baraguá?

Desde el inicio de la Guerra de los Diez Años resultó evidente la falta de unidad revolucionaria que impidió a la contienda perder su carácter regional y pasar a ser nacional; a la altura de 1877 algunos de los males que aquejaban a la Revolución habían comenzado a profundizarse con preocupante intensidad.

Aun cuando se mantenía el patriotismo dentro de las filas insurrectas, las contradicciones generadas impedían el desarrollo de un plan único y coherente para lograr el triunfo definitivo.

En esas circunstancias la duda comenzó a ganar espacio dentro del aparato político de la república. Por otra parte, la administración hispana incrementó su ofensiva militar con el ejército, en tanto, desde el punto de vista político ofrecía perdón y olvido a quienes se entregaran o depusieran sus armas y odios contra España. Y un poco de dinero para su sustento.

La dirección mambisa, compuesta en su mayoría por miembros de la sacarocracia criolla, cansados de la lucha y sin verle un objetivo final satisfactorio, empezó a tambalearse en sus posiciones, aun cuando la intransigencia de algunos jefes cubanos y su fidelidad a los ideales patrióticos constituía un valladar para quienes veían la posibilidad de un proceso de paz con los colonizadores, sin que mediara el indispensable requisito de la independencia.

El diez de febrero de 1878, de común acuerdo con el general Arsenio Martínez Campos, una parte de la dirigencia política de la Revolución firmaba en San Agustín del Brazo, el documento conocido por el Pacto del Zanjón, que ponía punto final a la guerra grande.

Martínez Campos se marchó de aquel lugar molesto; no pudo lograr la pacificación del oriente del país ni envolver a los líderes populares que, a partir de ese momento, estuvieron al frente de las fuerzas independentistas y rescataron el honor de la Patria.

Maceo y sus hombres sabían lo que habían olvidado otros cubanos: si el poderoso ejército español, formado por más de 200 000 hombres, y más de 30 000 cubanos guerrilleros, no había podido derrotar a los 8 000 patriotas, que en su mejor momento integraron el Ejército Libertador, no lo lograrían jamás por la fuerza de las armas y se valían del halago, la prebenda y la avaricia, para que dejaran caer la espada.

La Protesta de Baraguá sobrevivió a la historia como el momento en que los cubanos, conscientes de su destino pusieron la libertad por encima de las comodidades y prefirieron seguir luchando, aunque en condiciones difíciles por el honor de los buenos, de la Patria y de la libertad.

FUENTES:
La protesta de Baraguá. Historia de Cuba de F. Portuondo
ANTONIO MACEO: Apuntes para una historia de su vida, de José L. Franco. INTERNET

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2 responses to this post.

  1. Posted by Eliceo Martínez Pérez on marzo 17, 2011 at 7:49 pm

    Este artículo suyo está muy bueno.

    Responder

  2. Posted by nrgry ruiz on junio 13, 2012 at 6:49 am

    muy buen documentado.gracias.

    Responder

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