Y me senté en el suelo a escuchar a los niños.

Por Alexis Quiala

Fotos: Gerardo Mayet Cruz

El amor por la escuela es innegable

El amor por la escuela es innegable

Eran siete niños, como los siete enanos de Blanca Nieve; los que estaban en el aula de la confortable escuela de Cayo Largo. Eran siete niños y yo dejé a Yenier que los enfrentara. A ellos les hice una seña, para que vieran en él al jefe. Mayet, con la cámara dejaría CONSTANCIA GRÁFICA. Yo solamente, me senté en el suelo a escuchar a los niños.

La maestra, Marianela González Torres, Licenciada en Educación, me imita y toma asiento a mi lado. Yenier pregunta y pregunta. Los pequeños le responden.

Hablan de las clases, los pases y las tareas, que cada 20 días se llevan cuando van de pase con sus familiares, para no interrumpir el ciclo escolar y marchar al nivel de otros pequeños.

Son animosos y directos. No muestran ningún miedo. Parecen niños de ciudad grande. Y, para impresionarnos hablan de Vitalio Acuña y cuentan sus hazañas junto al Che, sus fotos, su estancia en el cayo cuando Playa Girón, su amor por ese terruño y como ellos lo recuerdan.

Sentado en el suelo escucho a los niños

Sentado en el suelo escucho a los niños

 

Y Yenier se queda sin palabras. A Mayet le tiembla la cámara y yo hago un borrón en la agenda.

Todos señalan que le gusta la escuela porque se llevan bien y la maestra los quiere mucho. “Ella es nuestra segunda mamá. Nosotros tenemos dos mamás.”Dicen casi a coro y las lágrimas asoman a los ojos de Marianela, la maestra, quien se disculpa y les dice: “! Niños, qué pensarán los periodistas!”

Pero estos pioneros no están solos; son parte del esfuerzo del país para llevar el pan de la enseñanza a todos lados. Aquí se relacionan con el trabajo de sus padres, las tareas disímiles de los obreros del Cayo y, además, la maestra los convoca a todos los concursos posibles, ya sean de dibujo, matemáticas u otras especialidades.

Prestos los escolares responden las preguntas

Prestos los escolares responden las preguntas

 

Desde mi posición, en el aula, puedo ver la grandeza de esos niños. Mirar más allá de esos ojos infantiles y ser un poco niño yo también. Recordar a Martí y su edad de oro. La batalla de Fidel por los pioneros y los sacrificios del país por asegurar el futuro de los niños.

Los que hablan aquí, también tienen su futuro:

Amanda quiere ser doctora; Noel y Antonio carpinteros. Melissa, dijo que médico. Ismalia quiere ser actriz, enarca las cejas y sonríe con dulzura. Carlos todavía no sabe y Yilian aspira a ser cantante.

La maestra no descuida el plan de enseñanza

La maestra no descuida el plan de enseñanza

 

La escuela tiene 10 pequeños. Una decena de pajarillos sin plumar, quienes sueñan con un buen futuro, y estiran sus alas con imaginación y sin miedo.

El cayo puede ser un lugar sin niños, un polo turístico para la recreación de grandes; pero esa escuela llena un vacío necesario. Un homenaje para todos los pioneros que en estos días celebrarán su Quinto Congreso.

Alegre adiós de los que saben querer

Alegre adiós de los que saben querer

El mundo debe conocer que en cualquier punto de nuestra geografía la Revolución velará por sus pequeños y tendrán asegurado su futuro.

No se preocupen amigos internautas, son sólo las palabras de quien una vez fue a una escuela primaria y, emocionado, se sentó en el suelo a escuchar a los niños.

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