CAIDA EN COMBATE DE HENRY REEVE

 Hermoso día para morir

el inglesito

Por Alexis Quiala Ferrer

Foto: Archivo

Impetuoso en el combate, valiente hasta el heroísmo, amigo fiel y fraternal. así recuerdan los historiadores al norteamericano Henry Reeve, « El inglesito», uno de los héroes mambises de la guerra de los Diez Años.

Nació en Brooklyn, Estados Unidos, en 1850 y, se afirma que participó con los ejércitos del Norte en la Guerra de Secesión norteamericana. Se alistó en la expedición del vapor Perrit, que el 11 de mayo de 1869 trajo a Cuba más de doscientos hombres de diversas nacionalidades, bajo el mando del general norteamericano Thomas Jordan.

NACE UNA LEYENDA

Tras varias acciones donde demostró su valor, fue hecho prisionero en la región de Holguín y pasado por las armas en unión de un grupo de compañeros, pero sobrevivió a los cuatro balazos recibidos y logró alejarse a rastras del lugar de la ejecución. Fue encontrado por una partida de las fuerzas mambisas del brigadier Luis Figueredo, y en octubre de ese año se hallaba incorporado a las tropas de Jordan.

EL VALOR DEL INGLESITO

Participó en numerosas acciones en Camagüey y Las Villas occidentales, Colón y Matanzas, donde su valor le ganó sucesivos ascensos, y pronto fue conocido entre los mambises como “El Inglesito” y también como “Enrique el Americano”, Nombre que le dio  Agramonte, a quien le unió una entrañable amistad.

En 1871 pasó a combatir bajo las órdenes de Ignacio Agramonte, y fue uno de los integrantes de la vanguardia en el rescate del brigadier Julio Sanguily realizado por Agramonte el 8 de octubre de ese año.

Reeve, casi inválido como consecuencia de diversas heridas recibidas, se hacía atar a su caballo para poder entrar en combate.

A la muerte de su jefe y amigo, Agramonte, siguió combatiendo y fue uno de los lugartenientes de Máximo Gómez, general que fuera enviado a levantar el Camagüey y preparar la invasión a occidente

EL GENERAL REEVE

Fue ascendido a brigadier, y en 1875 desempeñó la jefatura interina de la División de Camagüey, al marchar Máximo Gómez a invadir el territorio de Las Villas, región a donde Reeve pasó también con posterioridad.

Por su capacidad, valentía y combatividad Gómez lo situó al frente de la vanguardia invasora. Allí revitalizó las tácticas de la guerra de guerrillas, tomando como centro de operaciones la Ciénaga de Zapata, desde donde llevó la tea incendiaria a Matanzas, la zona de Jagüey, el litoral suroeste de Las Villas y a Colón.

Cientos de combates libró Reeve con su tropa, que lo admiraba como a un dios. Los soldados españoles corrían espantados ante ese demonio de fuego, sólo al oír sonar el clarín mambí.

Contradicciones, indisciplinas y caudillismo entre las fuerzas y jefes cubanos no permitió a Gómez seguir con esta campaña y se vio privado de las fuerzas y recursos necesarios para seguir avanzando.

HERMOSO DÍA PARA MORIR

Aisladas sus fuerzas en la zona de matanzas, al no poder  Máximo Gómez, acudir en su auxilio; se concentró contra Reeve y sus mambises una gran cantidad de tropas españolas.

El 4 de agosto de 1876, Reeve, acosado y con pocas municiones y soldados decide romper el cerco. Por dos veces sus caballos se lanzan contra los infantes españoles. Pero, puede más el fusil colonial que el arrojo mambí y con dos balazos y el caballo muerto quedó a merced del enemigo. Uno de los ayudantes se desmonta.

–!Parta usted general!– Le suplica, pero él se niega.

–Salga usted joven.– Le ordena.

Y parapetado en el animal muerto espera revolver en  mano a los enemigos.

Los españoles saben que Reeve está allí. Hay un general mambí casi prisionero.

–!Lo quiero vivo, vivo!–, grita el oficial al mando de las tropas coloniales.

No lo conocen. El inglesito mira al cielo, recuerda a su amado país, los días en Cuba, las mujeres, las batallas ganadas… y antes de rendirse prefirió disparar contra sí mismo.

Los soldados coloniales horrorizados se detienen y rinden postrero tributo ante el valiente mambí que prefirió inmolarse a la deshonra de la rendición.

Ostentaba al morir el grado de general de brigada y había participado en numerosas acciones de guerra. Murió un cuatro de agosto de 1876 en la acción de guerra librada en Yaguaramas, provincia de Las Villas.

REGRESO A LA INMORTALIDAD

Pero su memoria no se pierde, Fidel y la Revolución lo rescatan y ponen su nombre a la brigada médica cubana que viaja por el mundo salvando vidas, curando enfermedades y llevando la salud a miles de seres humanos. Así Henry Reeve, el Inglesito, volvió a cabalgar por las llanuras del mundo, en una batalla por la vida.

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