Septiembre con nuevos sueños

 
Por Alexis Quiala Ferrer
FOTOS: Arturo Enamorado
niños pineros

Niños pineros en su primer día de clases.

Cada inicio del curso escolar cubano me trae nuevos sueños, relacionados con aquel septiembre de 1959, cuando, acompañado de mi padre, entré por primera vez a una escuela pública. Era el primer curso de la naciente Revolución Cubana.

Las escuelas, limitadas de alumnos en el pasado, se abrían ese año llena de niños pletóricos de sueños y entusiasmo. Mi nuevo uniforme escolar, nunca lo olvidaré, era un pantalón verde, con camisa blanca y  corbata negra. zapatos escolares negros y medias de cualquier color para los varones, pero blancas para las niñas.

Comenzaron las clases ese septiembre, hace 52 años, con niños que dábamos los primeros pasos al futuro, exvendedores, campesinos recién bajados de las lomas, marginales que no conocían los lápices, pero todos con los ojos llenos de preocupación y, deseosos de conocer el misterio de las letras, los cantos, el deporte, la historia, gramática, aritmética y los dibujos, que nos brindaron en los primeros años.

Hoy, 52 septiembres después, los veo entrar a las aulas, acompañados de sus padres, sonrientes, conocedores del misterio de la enseñanza, con nociones de computación, gramática, hasta astronomía. Todo un curso nuevo, con ideas nuevas y el deseo de hacer de estos niños los hombres del mañana que necesita esta parte del país.

El aula una nueva experiencia

El aula, para muchos una nueva experiencia.

En la Isla de la Juventud Suman 17 mil los escolares de todos los niveles que participan este curso, Serán instruidos por más de 1 500 maestros y profesores y ocuparan las aulas de  78 centros escolares. Pero unos miles se incorporan, por primera vez a las primarias. Vienen con los hábitos inculcados por las familias, las frustraciones, los miedos y  las limitaciones de sus núcleos familiares. Podrán superarlos con la instrucción que las escuelas revolucionarias les brindarán, pero, cada uno es un diamante sin pulir, un campo donde labrarán los maestros y fundirán, en la fragua del saber sus conflictos y virtudes, habilidades y necesidades.

Está claro que habrá que trabajar con unos más que con otros, siempre pasa así. Pero al final, cuando pasen los años, todos recordarán, como lo hago yo, todavía, a aquellos maestros que fueron fragua de espíritus y evangelios vivos, quienes dejaron en mí una honda huella.

madres emocionadas

Madres emocionzadas despiden a sus hijo

Y recordarán sus nombre como yo recuerdo los de Amalia Lay,  Anneris Machado, Paricia Gómez, Mary Lebanch, Aurelio Fábregas, Reynaldo Hernández , Aida Yolanda Sotolongo y de muchos más que harían la lista interminable, pero que influyeron en  mi gusto por la lectura, el conocimiento de la historia o mi atención en la música y la buena mesa.

Enseñar no es solo brindar conocimientos, es dejar algo de si en esos educando que serán los dirigentes del país en el futuro, los cuadros de la agricultura y las industria y, quienes harán de Cuba, el país  al que todos aspiramos.

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