Aniversario 115 de la caída en combate de Antonio maceo

El camino a las estrellas

Por Alexis Quiala Ferrer

Foto: INTERNET

El siete de diciembre de 1896, ocurrió una de las grandes desgracias del pueblo cubano. Antonio Maceo, el titán de bronce era abatido por balas colonialistas, en el combate de San Pedro, pero dejaba una estela de heroísmo, valentía y victorias sobre los mejores generales españoles. Había dedicado toda su vida a la libertad de Cuba y efectuado el hecho más importante de la batalla cubana contra España: La invasión de oriente a occidente.

Alrededor de las nueve de la mañana del 7 de diciembre de 1896, el Mayor General Antonio Maceo llegó con su estado mayor al campamento mambí, ubicado en la finca Purísima Concepción, barrio rural de San Pedro, a unos siete kilómetros al sudoeste de Punta Brava.

Muerte de Antonio Maceo

Muerte de Antonio Maceo

El recibimiento que le tributaron fue grandioso. Muchos de aquellos hombres ya habían combatido a sus órdenes; otros lo veían por primera vez. En todos hacía presa la emoción: tenían frente a sí a la leyenda viva del independentismo, el Héroe de Baraguá, al general invicto de Peralejo y Ceja del Negro, aquel que desafiaba las balas españolas sin que ninguna se atreviera a detener su impetuosa marcha hacia la libertad de Cuba.

El general Antonio vio ante sí al regimiento de Santiago de las Vegas, con Juan Delgado al frente, al que se le había confiado el sector oeste; a los regimientos Goicuría y Calixto García, comandados por el coronel Ricardo Sartorio, jefe además de la Brigada Oeste de La Habana, y Alberto Rodríguez Acosta, respectivamente, a los que se les encomendó el norte y el este del campamento, para custodiar la entrada de la finca. Le presentó armas el regimiento Tiradores de Maceo, con Isidro Acea de jefe, guardianes de la posición sur suroeste. Además, en el norte noroeste, en la intersección de caminos, se había colocado una avanzada. Maceo expresó complacido: “Con estas fuerzas se puede ir al cielo”.

Cerca de las dos de la tarde y mientras Maceo conversaba con sus oficiales se sintieron disparos. Maceo, quien estaba relativamente cerca de allí conversando con sus oficiales, también oyó los disparos. “Fuego en San Pedro”, gritó Baldomero Acosta. Juan Delgado, que estaba en el grupo que departía con el Titán, salió en busca de su regimiento para incorporarse al combate. El resto se quedó junto al lugarteniente general para brindarle protección en caso de que el enemigo forzara la defensa cubana.

Si bien para la avanzada cubana fue sorpresiva la llegada de la guerrilla española, para esta fue también una sorpresa encontrarse con tantos mambises. El fuego graneado del regimiento de Santiago de las Vegas, evitó que los peninsulares siguieran avanzando. Los tiradores de Maceo y los mambises del Goicuría acudieron a reforzar las líneas cubanas. La guerrilla ibérica retrocedió y se atrincheró en una cerca de piedras.

El general Antonio, al frente de una pequeña tropa, avanzó hasta la cerca de piedras que enmarcaba el aledaño potrero Bobadilla. Dentro de esta finca, una alambrada le impedía cargar contra las posiciones españolas. “Piquen la cerca”, exclamó. Varios jinetes se desmontaron y con sus machetes comenzaron a cortarla. “Esto va bien”, le oyeron decir. Una bala le penetró por el maxilar derecho, se lo fracturó en tres pedazos, y le seccionó la carótida.

Zona del combate de San Pedro

Maceo cae del caballo, sus compañeros no lo creen, alguien señala, “Arriba general, no es nada.” Pero su cuerpo no se mueve,  los disparos españoles hieren a algunos que quieren rescatarlo. La confusión es grande y  comienzan a retirarse. Es en ese momento que el capitán Francisco Gómez Toro, Panchito, hijo del generalísimo Máximo Gómez, llega al lugar. Está herido, pero expresa que quiere morir junto a su jefe, antes de dejarlo en manos enemigas.  Guerrilleros a favor de España lo rematan.

En tanto, en el campamento mambí llega un grupo de soldados preguntando por el General Maceo, conocen de su muerte y  su cadáver en el campo de batalla. Nadie quiere que caiga en manos españolas, sería un deshonor para el ejército libertador y eso no podía ser.

La imagen de la deshonra, del deshonor militar, toda la vergüenza de consentir que el General Maceo caiga en poder del enemigo, que cual trofeo de triunfo inigualable lo exhibiría como fiera, deshonrándolo y deshonrándonos con sus profanaciones y burlas.

Como movido por un resorte, el coronel Juan Delgado, vibrante de ira, dijo:

“No, yo no permito la deshonra del Ejército Libertador; no podemos permitir que las fuerzas de La Habana sean culpables de la mayor de las deshonras que pueda sufrir un ejército valiente como el nuestro. Si el cuerpo del general Maceo cae en poder del enemigo, mereceremos el anatema de cobardes de nuestros compañeros, de todos los cubanos y aun de nuestros propios enemigos. Antes que permitirlo y que el General en Jefe sepa que estando yo en este combate el cadáver del General fue capturado por los españoles, prefiero caer en poder del enemigo”.

Y levantando en alto su machete, gritó:

“El que sea cubano, el que sea patriota, el que tenga vergüenza, que me siga”.

Los 19 hombres, desafiando las balas, sin conocer el terreno donde iban a operar ni el tamaño de las fuerzas que deberían enfrentar, en una carga antológica, marcharon machete en alto al rescate de su general.

Después de traspasar la tranquera de una cerca y el palmar aledaño, se fraccionaron en grupos de tres o cuatro para evadir mejor el fuego y dar la sensación de que eran una fuerza superior en número.

Se internaron en el potrero Bobadilla. A un grupo de españoles que saqueaban cadáveres, los hicieron retroceder hasta una cerca de piedra, desde donde un destacamento de caballería les protegió la retirada. El mambí José Miguel Hernández se adelantó con el objetivo de cargar pero se le espantó el caballo. Prácticamente chocó con los cadáveres. “Aquí están”, gritó.

Sus compañeros se le reunieron apresuradamente. Hasta ese momento, solo buscaban el cuerpo del general Antonio. Allí, junto al Titán, encontraron el cadáver del capitán Francisco Gómez Toro.

Atravesados en dos cabalgaduras, los cadáveres fueron retirados del potrero y transportados a la finca Lombillo, ya anocheciendo.

Pasadas las nueve de la noche, en medio de un grave e imponente mutismo, se emprendió de nuevo la marcha con los dos cadáveres. Con su suspicacia guerrillera, Juan Delgado los llevó a campo traviesa y por el terraplén de Verracos, desembocaron al camino de Bejucal al Rincón. Ya había convencido a los generales Miró, Pedro Díaz y Sánchez Figueras de marchar hacia una finca llamada Cacahual, donde residía su tía materna, Candelaria, esposa de Pedro Pérez, a quien entregó los restos mortales del Lugarteniente General y de su capitán ayudante.

Juan Delgado no permitió a los generales presenciar el enterramiento y se marchó con sus acompañantes del lugar.

Pérez y sus cuatro hijos, al quedar solos, escogieron un paraje escondido y solitario y allí cavaron profundamente. Colocaron en la fosa primeramente a Maceo; luego, con su cuello apoyado en el brazo derecho del Titán, a Panchito. Después de rellenar la tumba, borrar todo tipo de huellas y marcar exactamente la posición del lugar, hicieron el solemne juramento de morir antes que revelar el secreto. El mundo desconoció durante un tiempo dónde se hallaban los restos de los dos patriotas. Hasta su exhumación, en septiembre de 1899.

En el preciso lugar del enterramiento, se levantó un Mausoleo a su memoria. Y en una lápida en homenaje a los 19 mambises que protagonizaron la hazaña de San Pedro, puede leerse la arenga de Juan Delgado:

“El que sea cubano y tenga valor, que me siga”.

La Muerte de Maceo tuvo gran repercusión entre los patriotas cubanos y en muchos países del mundo.

Existen fotografías en las cuales se puede apreciar  a las masas madrileñas reunidas para testimoniar luto por la noticia: Estudiantes, obreros, figuras públicas d la España de entonces, le dedicaron honores.

En Italia el diputado Imbriani, se expresó en el Parlamento con palabras de elogio al general cubano Antonio Maceo, con las cuales sentenció, entre otras cosas: “… la gloria es para aquellos que mueren luchando por su causa…”, también desde Roma, llegaron a Cuba noticias de manifestaciones  estudiantiles y se inauguró un busto de Maceo en un acto en que habló el gran sabio italiano Guiovannio Bovio,  con palabras ardiente y patrióticas…

En los Estados Unidos se hizo una propuesta al Congreso para que el gobierno protestara ante  España por el crimen sobre Cuba y el pueblo norteamericano sintió consternación ante el titular del periódico The New Jornal, que anunció la muerte de Maceo, mientras otros escritos criticaron a Wall Street, por su contubernio con España…

Fueron muchos los que en América Latina y en el mundo, expresaron su dolor por la caída del Titán de Bronce.

Hombres de honor a nombre de sus pueblos, colocaron sobre sus pechos el luto solidario por la muerte del valerosos combatiente cubano y muchos de ellos coincidieron en la opinión de que sería insustituible y que su muerte se producía en un momento cumbre, porque la revolución de los mambises cubanos,  había vencido…

Su compañero de batalla, el respetado Jefe y amigo personal, Mayor General del Ejercito Libertador, Máximo Gómez Báez, escribió una sencilla y sentimental carta a la viuda, María Cabrales, manifestándole cuánto dolor provocaba la pérdida.

Gómez reunió a la tropa en su campamento. Ordenó posición de atención,  disparos de salva y pronunció una arenga, en la que expresaba que la Patria llora la pérdida de uno d sus más esforzados defensores. Sus palabras finales pueden suscribirse aún en este momento: “Soldados: El general Maceo ha muerto y es preciso seguir su ejemplo de bravura y heroico patriotismo en defensa de la Patria”.

Después del triunfo de la Revolución  los homenajes a Maceo, Martí, Gómez y otros patriotas se multiplicaron.

En un acto efectuado al Titán de Bronce, en El Cacahual, el siete de diciembre de 1962, el Che expresaba:

“A través de estos años de recordación se ha visto desfilar ante su monumento siempre al mismo pueblo, pero en esta tribuna, representantes de muy diversas tendencias sociales. Hoy, que estamos en la tarea de la construcción del socialismo en Cuba, que empezamos una nueva etapa de la historia de América, el recuerdo de Antonio Maceo adquiere luces propias. Empieza a estar más íntimamente ligado al pueblo, y toda la historia de su vida, de sus luchas maravillosas y de su muerte heroica, adquiere el sentido completo, el sentido del sacrificio para la liberación definitiva del pueblo. Maceo no estuvo solo en esa lucha. Fue uno de los tres grandes pilares en que se asentó todo el esfuerzo de liberación de nuestro pueblo. Con Máximo Gómez y Martí, constituyeron las fuerzas más importantes, las expresiones más altas de la Revolución de aquella época”.

Hoy, que nuestro pueblo se enfrenta a una batalla económica sin precedentes, el recuerdo de Antonio Maceo, Martí, Gómez y otros patriotas, el conocimiento de sus sacrificios deben servirnos de acicate para llevarla a buen término. Debemos saber ser eficientes y  construir un país más próspero y hermoso. Ese será el mejor homenaje de los cubanos de hoy a los héroes de ayer y el mejor legado que dejaremos a las generaciones posteriores de cubanos.

FUENTES: Página WEB de Bohemia, San Pedro 1896 La catástrofe y la hazaña.

Che Guevara, Ernesto: Obras. 1957-1967, Casa de las Américas,             La Habana, 1970.

MACEO, apuntes para una historia de su vida, de José Luciano Franco, Editorial de ciencias Sociales, Hombre y época, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973.

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