El Che llega al Escambray

 LA INVASIÓN REBELDE A LAS VILLAS

Por Alexis Quiala

A finales de agosto de 1958 la tropa del Che había salido de la Sierra Maestra con la misión de invadir las Villas; días antes, lo habían hecho Camilo Cienfuegos y sus hombres con la meta de llegar a occidente. Atravesar nuestro angosto país y salir peleando contra soldados enemigos y la fuerza bruta de la naturaleza parecía casi imposible, una misión de gigantes, pero ambos hombres, sin miedo y sin tacha, se lanzaron a cumplir con la orden dada por Fidel.

Luego del cruce del río Jobabo, la columna del Che avanzó por el sur de la antigua provincia de Camagüey. Por culpa de las lluvias los pequeños ríos estaban crecidos y los fangales se habían multiplicado.  Una semana les había costado salir de la Sierra hasta la región agramontina;  se hacían sentir la falta de calzado y muchos de los compañeros del Che iban descalzo por los fangales del sur de Camagüey.

COMBATES EN LOS LLANOS DE CAMAGÜEY

En un lugar conocido como La Federal, la vanguardia de la pequeña tropa cayo en una emboscada y murieron dos valiosos combatientes: Marcos Borrero y  Calcio Gutiérrez y, lo más penoso fue que las fuerzas de la tiranía los había localizado y de allí en lo adelante no le dieron tregua.

Para cumplir la misión había que evitar estos encuentros y evadir a los enemigos, principalmente la aviación y los posibles delatores que pudieran acabar con la fuerza salida de la Sierra Maestra, diezmar a la tropa o hacerle la ruta más difícil.

De esa etapa de la invasión El Che escribió:

“Son días de fatigantes marchas por extensiones desoladas, en las que sólo hay agua y fango, tenemos hambre, tenemos sed y apenas si se puede avanzar porque las piernas pesan como plomo y las armas pesan descomunalmente…

Los prácticos que debían enviarnos no llegaron y nos lanzamos sin más, a la aventura”.

En un lugar llamado Cuatro Compañeros tienen el combate más peligro del recorrido. Allí se enfrentaron largamente contra el ejército, la aviación y los elementos. Lograron retirarse hacia un cayo de monte y  luego reorganizarse, tuvieron un muerto y varios heridos. Al contar esta batalla años después el che relataba: “Tuvimos que pelear duramente para hacer factible el paso de los rezagados nuestros por una vía férrea, rumbo al monte. La aviación nos localizó entonces, iniciando un bombardeo los B-26, los C-47, los grandes C-3  de observación y las avionetas, sobre un área no mayor de 200 metros de flanco.”

APOYO CAMPESINO Y FE EN LA VICTORIA

A pesar de las dificultades y la lejanía con el territorio oriental los miembros de la Columna Ocho siempre encontraron el aliento campesino. Algunos se sirvieron de guía y otros le dieron alimento, imprescindibles para continuar su ruta.

La marcha se hizo casi intolerable en las inmediaciones del central Baraguá; casi cercados por las tropas de la tiranía, entre pantanos pestilentes, sin una gota de agua potable y con la aviación atacándolos casi continuamente.

La situación era verdaderamente desastrosa cuando salieron de esa zona y más bien parecía un ejército de sombras; pero, metro a metro, cada día se acercaban más a la meta. Pasaron  por la Trocha de Júcaro a Morón y recordaron a los mambises que en la guerra de independencia escenificaron cruentas batallas contra los colonialistas en esa zona.

Nuevos aguaceros, la inclemencia del clima, sonidos de aviones o noticias de la presencia de los guardias los obligaba a seguir la extenuante marcha. Cuando todo olía a derrota y desesperación, el Comandante Guevara destacó:

“Sin embargo, cuando la situación era más tensa, cuando ya solamente al imperio del insulto, de ruegos, de exabruptos de todo tipo, podía hacer caminar a la gente exhausta, una sola visión en lontananza animó sus rostros e infundió nuevo espíritu a la guerrilla. Esa visión fue una mancha azul hacia el occidente, la mancha azul del macizo montañoso de Las Villas, visto por vez primera por nuestros hombres.

Desde ese momento las mismas privaciones, o parecidas, fueron encontradas mucho más clemente, y todo se antojaba más fácil. Eludimos el último cerco, cruzando a nado el río Júcaro, que divide las provincias de Camagüey y Las Villas y ya pareció que algo nuevo nos alumbraba”.

LA GUERRILLA EN EL CENTRO DEL PAÍS

Días después, el 16 de octubre de 1958,  estaban completamente a salvo en el corazón de la cordillera Trinidad Sancti Spíritus, listos para iniciar la otra etapa de la guerra: hostilizar a las tropas de la tiranía e impedir en esa zona las elecciones que, como una farsa más realizaría el gobierno el tres de noviembre.

Camilo atacaba por el norte y el Che por el sur, la provincia de Las Villas sentía el empuje de los dos grandes jefes guerrilleros, forjados en las batallas de la Sierra, el desembarco del Granma y la lucha en los llanos. Aún quedaba mucho por hacer: pero ya los rebeldes de la Sierra Maestra estaban en el Escambray, la misión de llevar la guerra al centro del país, encomendada por Fidel, estaba cumplida.

 

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