INICIO DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Los mambises a la manigua
Por Alexis Quiala Ferrer
No hay nada que me emocione más que esa gestas heroica del 24 de febrero de 1895, cuando se llevó a feliz término todo el accionar de José Martí para unir a los pinos nuevos con los viejos robles, conseguir, peseta a peseta, aunando voluntades y derrotando artimañas de todo tipo, frente a las cuales se impuso la fuerza, el patriotismo y el tesón necesarios para lanzar a los cubanos a una nueva guerra por la independencia.
Fueron años duros, donde se limaron rivalidades, hubo que recorrer la América y sacar de sus viejos refugios a los tan esperados héroes de gestas anteriores, Gómez del Caribe, Maceo de Centroamérica, otros de Estados Unidos y Sudamérica.
El 29 de enero de 1895 se dictó desde Nueva York la orden de alzamiento. Estaba firmada por tres de los organizadores: José Martí como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, el General Mayía Rodríguez, como representante personal del mayor general Máximo Gómez, nombrado por Martí general en Jefe del nuevo Ejército Libertador y así acatado por todos los grupos conspirativos y la del Comandante Enrique Collazo, enviado de la Junta Revolucionaria de La Habana.
Ese día amanecieron en el monte los principales jefes insurrectos orientales que radicaban en Cuba. Guillermón Moncada, reconocido por los negros montañeses orientales, por sus hazañas y por la juventud santiaguera que deseaba pelear bajo su mando, esperó la fecha en la Lombriz, territorio serrano, al norte de Santiago de Cuba. Quintín Banderas, con quien siempre se contaba, fue a un lugar cercano a San Luís y Victoriano Garzón hizo campamento en El Caney.
El primer combate fue realizado en la tarde del 24 de febrero, al asaltar y tomar el fuerte español de Hatibonico, en la zona de Guantánamo, una docena de patriotas encabezados por Enrique Tudela.
En muchos lugares de oriente lograron alzarse los patriotas; pero fue en Baire, donde Saturnino Lora, un oficial subalterno del planeado Ejército Libertador, junto a familiares y amigos, dio el grito de ¡Viva Cuba libre! anunciando que comenzaba la guerra, en medio de la plaza y así llegó a oídos de los jefes peninsulares; aunque allí no había soldados españoles, ni se realizó ninguna acción bélica.
En Occidente el gobierno español, por previsión o aviso, había encarcelado o perseguido a los posibles jefes insurreccionales y las acciones fueron menores o abortadas en sus comienzos; pero ya era tarde, con Oriente en armas se salvaba la revolución y España no podría ya dominar igual.
El 24 de febrero marcó el inicio del fin del coloniaje y habríamos tenido una patria libre sin la intervención pérfida de los Estados Unidos, deseosos de ocupar la Isla y que buscaron un pretexto, tres años después, para hacerlo.

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