Un mambí llamado Gonzalo de Quesada

Isla de pinos para Cuba

Por Alexis Quiala Ferrer
Los pobladores de la Isla de la Juventud celebran, como ya es tradicional, Las Fiestas Pineras. Acontecimiento que se ha convertido en símbolo de la nacionalidad cubana en esta parte del país y marca como acontecimiento, la devolución de la entonces Isla de Pinos al territorio nacional.
Lo que muchos pineros no conocen y otra parte de los festejantes ignora por completo es qué significó para un cubano de pura cepa: Gonzalo de Quesada y Aróstegui, “el único mambí que no pisó los campos de Cuba”, llevar a feliz término esa devolución.
Gonzalo de Quesada nació en La Habana, el 15 de diciembre de 1868 y fue el vástago de una ilustre familia de Camagüey. La Guerra de los Diez Años obligó a la familia a emigrar y se trasladaron a Nueva York donde el pequeño estudio la enseñanza primaria, el bachillerato y la carrera de leyes, alcanzando el título de abogado en 1891.
Esta posición, conocer el inglés a la perfección y haberse rodeado de algunos de los hombres importantes del país le abrían las puertas para un porvenir magnífico; pero Gonzalo renunció a todo eso para adentrarse en las actividades revolucionaria a favor de la independencia de Cuba.
Siempre se sintió cubano y fue uno de los más fieles seguidores de José Martí en su apostolado por juntar voluntades y realizar la guerra necesaria.

Esos años de bregar incesante, de escuchar las leyendas y fantasías de los emigrados en el exilio dieron nacimiento a aquel patriota de naturaleza apasionada y vehemente, un intelectual, capaz de escribir un libro, una narración, una poesía y, además, de sacrificarlo todo por el decoro y la libertad de su pueblo.
La primera presentación pública entre Martí y Quesada ocurrió el 10 de octubre de 1889, en el Hardman Hall, de Nueva York. En lo adelanto fueron muchos los contactos y acciones que realizaron juntos por la Patria esclavizada, hasta que el cinco de enero de 1892, al constituirse el Partido Revolucionario Cubano, Martí lo designó como Secretario del mismo.
En 1895, conocedor de que la guerra se llevará a cabo, Gonzalo de Quesada se prepara para marchar a la manigua redentora. Dejó en orden sus relaciones personales y habló con Martí de su partida. Su aspiración quedó frustrada por la negativa de Máximo Gómez primero y luego la del mismo Martí, quienes lo convencieron a permanecer en Estados Unidos, donde su presencia era muy importante para la causa cubana.
“Ya habrá tiempo para que vengas a la manigua”. Y unas palmadas en el hombro, fueron los últimos recuerdos que le dejó Martí a su discípulo predilecto. Y era que las excepcionales dotes de organizador de Quesada, su plena identificación con el Maestro, como llamaban a Martí, y el entrañable amor a su tierra, fueron de inapreciable valor para la causa cubana.
Así Gonzalo de Quesada fue a la vez el Delegado del Partido Revolucionario Cubano y el Encargado de Negocios de la República en Armas (1896—1898); era considerado uno de los cubanos que más hizo por los suyos en esa etapa.
Ayudó en la organización de las expediciones y los abastecimientos para los que luchaban en los campos de Cuba y se mantuvo fiel al legado de Martí luego de su caída en Dos Ríos.
Su influencia entre los congresistas norteamericano de la época fue de mucha importancia, un grupo de ellos le profesaban verdadera amistad y afecto personales. Todo esto lo supo aprovechar para dejar claro, en la redacción de la llamada Joint Resolución del 19 de abril de 1898, que se reconociera la independencia de Cuba.
Para poner las manos en la redacción del documento, Quesada afrontó situaciones dificilísimas, pero sus esfuerzos culminaron con el derecho de los cubanos a regir su propio destino. Lo que no sabía el patriota cubano era que ya los poderes yanquis habían sentenciado el destino de Cuba como neocolonia y que el documento de marras sólo sería letra muerta.
Al terminar la guerra, después de muchos años de ausencia, vino a Cuba en 1899, en misión especial, y apuró el agrio zumo de la ingratitud y de mezquinos celos.
En ese año participó en la comisión que se entrevistó con Máximo Gómez para el licenciamiento del Ejército Libertador. Enviada por el presidente Mckinley y encabezada por Robert Porter, con la que se logró el pago de tres millones de dólares y la solución del espinoso problema. Algo que no logró una delegación enviada a Washington por la Asamblea del Cerro. La Asamblea, ofendida, destituyó a Gómez y a Quesada. Por eso algunos lo tildaron de traidor y otros ocultaron su labor organizadora de los papeles de Martín y su lucha por unir a Isla de Pinos a Cuba.
Gonzalo de Quesada, hizo caso omiso de la destitución y continuó tocando puertas para la devolución de Isla de Pinos, desde su puesto en Estados Unidos.
Gracias a sus perseverantes gestiones, se logró la firma de un tratado el 2 de julio de 1903, por el cual Estados Unidos reconocía los derechos de Cuba sobre la Isla. Pero el senado yanqui no lo aprobó, no obstante los grandes esfuerzos del patriota cubano y ese tratado caducó, por pasar el tiempo fijado para el canje de ratificaciones.
Pero el cubano no decayó y gracias a su perseverancia, carisma personal y conocimiento de los norteamericanos, logró que el dos de marzo de 1904 se firmara de nuevo, en Washington, un segundo tratado; el conocido como Hay—Quesada, reproducción del anterior, suscrito por el propio Quesada y el Secretario de Estado John Hay, sin fijar término para la ratificación, a fin de evitar su caducidad.
El 13 de marzo de 1925, El Senado de los Estados Unidos, ratificó el Tratado Hay-Quesada, reconociendo así la condición de cubana de Isla de Pinos, después de 21 años de haber sido ratificado por el Senado cubano.
Ese día el operador de telegrafía Juan Blanco, al recibir el mensaje salió corriendo desde la estación, ubicada entre las calles 18 y 20, por toda la calle Martí, dando la noticia de que ya Isla de Pinos era cubana. Casi de inmediato los geronenses salieron a la calle portando banderas cubanas y gritando ¡Viva la Isla de Pinos Cubana!
Habían pasado 9 años de la muerte de Gonzalo de Quesada y ya casi nadie recordaba al patriota que dedicó parte de su vida a lograr la firma de ese documento que lleva su nombre.
Hoy los pineros recordamos el momento de la ratificación y olvidamos al patriota que dedicó alma y esfuerzo a lograrlo. Creo que puesto en su justa medida, Gonzalo de Quesada debía tener una estatua en este territorio por su denodada acción en esta historia.

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