GIRÓN, el momento más difícil

Por Axel Quifer
SUMARIO: De la batalla de Girón existen muchas historias, tantas como milicianos, patriotas y combatientes participaron en ella. Hasta los mercenarios de la brigada 2506 se reúnen en Estados Unidos y cuentan, a su manera, estos hechos. Un participante, Héctor Nile Olaguiber, combatientes internacionalista, miliciano, luchador contra bandido y hoy artesano cuentapropista, nos narra el momento más difícil que vivió en esos tres días, al sur de Matanzas.
“La carretera era una serpiente negra, pegada al mar por un lado y a la ciénaga por el otro. Ya habíamos dejado atrás Paya Larga e íbamos hacia Girón, alegres, combativos, jóvenes de entre 17 y7 20 años, cuando el grito de avión nos hizo bajar rápidamente de los ómnibus, aviones mercenarios, el 18 de abril de 1961, ametralla y bombardean los ómnibus que trasladan las tropas y a los que viajaban sobre los tanques de vanguardia.”
Así comienza Héctor Nile su narración del momento más difícil vivido por su batallón en las acciones contra los mercenarios, aquellos días de abril de 1961. Lo había visitado en su taller y retado para que me contara el momento más difícil de aquella guerra que nos impusieron los yanquis y de la que se cumplen 53 años.
“Imagínate, yo solo tenia 17 años y todo nuestro grupo pensaba que nos estábamos comiendo el mundo. Entramos a la milicia a marchar y enfrentar a los elementos burgueses; luego fuimos para la escuela de milicias de Matanzas, de allí salí como cabo de escuadra y participamos en la lucha contra bandidos. Llegó abril, regresamos a La Habana y luego de los bombardeos a los Aeropuertos participamos en el entierro de las víctimas. Oímos a Fidel cuando declaró el carácter socialista del proceso revolucionario y levantamos los fusiles por el socialismo. El 17 por la tarde partimos hacia la zona de combate y llegamos por la noche al central Australia. Queríamos combatir, El capitán Fernández (José Ramón Fernández) que estaba al frente nuestro, nos exhortó a avanzar y marchamos hasta Playa Larga.
De allí avanzamos detrás de los tanques; pero luego llegó una contraorden y nos montamos en las guaguas. Yo iba en la primera de ellas, siempre mirando el cielo, porque nos habían señalado unos puntos que eran aviones enemigos.
Casi a la altura de Punta Perdiz, bajaron los buitres alados y atacaron la columna, fue una tormenta de plomo y bombas, unas bombas nuevas, que pensamos eran atómicas, por el humo, el cono y los daños. El ataque duró unos minutos, pero nos pareció una eternidad, el chofer de mi ómnibus recibió un impacto casi directo de la primera bomba. No pudo salir. En los primeros momentos que vi caer la bomba dije para mis adentros: Nos jodimos nos están tirando bombas atómicas y rodee por el suelo hasta la cuneta. Las balas pasaron pos mi lado levantando la arena.
Allí vimos a compañeros salir corriendo, hechos una antorcha humana. A otros los recogimos carbonizados, sus restos eran bultos pequeños, dos de ellos los conocimos por anillos y manillas, Fue algo terrible; aún después de 53 años sigo pensando en ello y fue el momento más difícil de aquella batalla.
“Al pupy, uno de los milicianos más carismáticos del grupo, lo perdimos en esa acción, era muy querido por el grupo y siempre hablaba de su negra y lo bien que se llevaban. Cuando regresamos, después de la batalla, a la entrada a La Habana, una mujer, todavía joven, se acercó a los camiones de nuestras tropas y preguntaba por el Pupy. Nadie se atrevió a decirle que había muerto. Sólo nos mirábamos y la mandábamos para donde estaban los jefes, fue un momento tenso.”
Nile se pasa la mano por el rostro, se ensombrece la mirada y se pierde la sonrisa, mueve la cabeza para alejar aquellos momentos triste y regresamos al último tramo de la carretera, casi llegamos a Girón, donde los mercenarios se batían con todo, tratando de evitar la derrota y clamando por los yanquis, quienes, desde sus barcos observaban los resultados de la batalla.
“La cosa estaba dura y nos mandaron a detenernos, en ese tiempo llegó el batallón de la policía, pasaron por la carretera para enfrentar a los mercenarios y recibieron el fuego directo del enemigo, muchos murieron en el encuentro. Se paró la batalla. Se hizo un silencio extraño y luego una agitación que parecía como el sonido del mar, o de una gran ola. “Tornamos nuestros puestos anteriores, y pensamos que era otro grupo de invasores que venían des los barcos; pero no, las voces de los jefes dijeron lo contrarios: Al ataque, que se están marchando, quieren huir por mar… y el tronar de los cañones, mostró que ya no había defensa de los mercenarios. Entramos en Playa Girón. Habíamos ganado.”
Nile deja caer las herramientas, está profundamente emocionado. Ese hombre, que se enfrentó a los bandidos del Escambray, luchó contra los mercenarios en Giró y combatió contra los soldados sudafricanos en Angola, sin derramar una lágrima, ni quejarse, ¡estaba llorando!
Lo hizo sin un sonido, mirando al piso de su humilde taller. Por los compañeros desaparecidos y porque volvió a vivir los días de Playa Girón. Lo comprendí, porque esas, eran lágrimas de héroe.

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