Martí, el de Dos ríos, el de Cuba

Por Alexis Quiala Ferrer
Foto. INTERNET

Les confieso amigos internautas, que todavía me duele mucho aquella acción del hombre de La Edad de Oro, aquella mañana del 19 de mayo0 de 1895, en Dos Ríos, Oriente.
Si hubiera estado allí, le habría gritado: “! No maestro, NO! Habría clamado por los dioses, habría despertado las tormenta y unido los brazos de todos los patriotas para hacer u na muralla que lo detuviera”.
Pero, pensar eso es en vano. No estuve allí y, cada 19 de mayo, evoco con rabia esa acción, que nos dejó sin el más grande pensador cubano de su época…
Dicen que el aire flotaba algo denso aquella mañana de mayo. Una tropa española avanzaba hacia el campamento cubano, el encuentro era inevitable.
“Presidente Martí, quédese aquí con su escolta, que vamos a dar una batida a los españoles”, le dijo Máximo Gómez, al promotor de la guerra necesaria para la libertad de Cuba, y pensó que cumpliría aquella orden.
Pero Martí no podía esperar, él era un romántico y un gran patriota. Muchos sabían que había venido a Cuba a sellar, con su sangre, el pacto con la Patria.
Con esfuerzo, paciencia y dedicación había reunidos, “peseta a peseta” el dinero de los trabajadores emigrados para comprar armas y bagajes para la guerra. Realizado discurso, aunado voluntades y enfrentado divisiones y enemistades, para llevar adelante la gran acción de libertar a la Isla del Caribe de las manos de España.
Pero hizo más, unió voluntades, sacrificó emociones y dejó a un lado su papel de intelectual revolucionario para ser el que lograra, con la independencia de Cuba, frenar al naciente imperialismo yanqui y no dejarlo caer, como una fuerza más, sobre los pueblos de América, Fue como un Apóstol para la independencia de Cuba. Y dejó el resto de su plan en la carta in conclusa a su amigo mejicano Manuel Mercado.
Montado en el brioso caballo blanco que le regalaran y con un ángel de escolta, fue a brindar su único y postrero combate.
Así, con el son de frente marcho al encuentro de las balas enemigas, por encima del amor, de la vida y de la muerte. Y la descarga de la tropa colonialista no hizo alto. Las balas no se desviaron, no ocurrió el milagro… Marchó de frente, de cara al sol, como había querido y pasó como el arcoiris, por encima del amor, por encima de la vida y por encima de la muerte.
Por eso los cubanos guardamos en nuestros corazones, entre lágrimas enlutadas esta fecha y este lugar: Dos Ríos, 19 de mayor de 1895, Oriente, Cuba.
Con su muerte no desaparecía su figura; sino que se engrandecía en la historia. Así, cada vez que recogen sus obras, son más los tomos que la forman.
El estaba allí; en su carta inconclusa a Manuel Mercado, donde le hablaba de la expansión del imperialismo yanqui. En sus enseñanzas por la unidad de Latinoamérica y su gran amor por Cuba, reunidas en libros y cartas; en su poesía, sus escritos para niño y en ese infinito amor que supo desplegar en los cubanos.
Nos legaba su antiimperialismo, su gran humanidad y su intelectualidad de alto nivel estético.
Por eso fue capaz, luego de muchos años, cien años, ser el autor intelectual del Moncada, sembrar luz en los corazones seguidores de sus ideas y de regalarnos una patria libre, a la que, como él lo hizo, debemos entregar todos los sacrificios.

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