Una vida dedicada a la Revolución

Por Alexis Quiala Ferrer

Fotos: Maick Conesa y cortesía del entrevistado.

Con casi 70 años de vida y un historial que da para más de un libro de aventuras, Rubén Domínguez, el “Dominguín” de la Sierra, la Batalla de Playa Girón y otras tareas en las FAR, me recibe amablemente en su casa.

Quiero que hablemos de su vida de soldado y Rubén sonríe, han pasado tantos años… Tomamos café y el teniente coronel retirado se pasa la mano por el rostro y vuelve a la época en que, junto a su padre pelea contra la dictadura de Batistas en las lomas del Segundo Frente.

LA ERA DE DOMINGUÍN

En 1957 tenía 10 años y era chiquito y flaquito, pero muy dispuesto. La gente del pueblo, en uno de los montes orientales me decía Dominguín, por el apellido de mi padre. Éramos diez hermanos cuatro hembras y seis varones. Ya en esa época mi padre, mi tío y uno de mis hermanos estaban combatiendo contra los guardias.

No era difícil, si eras dispuesto te cogían para mensajero, amunicionador, te enseñaban a disparar, pero cuidaban que no combatieras. Muchas veces me escondí entre las raíces de un árbol y el tiro sato en la montaña.

Después combatí en varias acciones y me fui distinguiendo. Conocí a muchas personas y cuando culminó la etapa de la Sierra me otorgaron los grados de capitán honorario.

El Comandante Félix Pena, mi jefe, me entregó al Comandante Lussón, para que me trajeran a La Habana, donde estaba mi familia. Mi padre había muerto en la Batalla de Guisa. Así vine en la caravana de la Victoria, entre a Columbia y participé en el acto del ocho de enero.

Pase el año 60 en esa escuela y en el 61, cuando Girón me monté en el carro con los soldados que cuidaban edl centro y combatí contra los mercenarios, aunque todavía no había cumplido los 15 años.

Girón marcó mi vida. En esos tres días te puedo decir que pasé de niño a hombre. Vi tantos muertos, tantos heridos. Disparamos contra los aviones y los invasores.

Claro que me acobarde. Esa primera vez que tirado en la cuneta de una de las carreteras que van a playa larga, c on el plomo de los aviones picándome al lado yo pensé: porqé estaba allí. Creía que las balas todas me las tiraban a mi. Y los casquillos de mis compañeros me caían encima y me quemaban la espalda.

Ese momento pasa y uno, si tiene valor se sobrepone. Luego fueron las guaguas quemadas, el olor del napalm, los muertos por el fuego y los cohetes. Miguel, el sargento que me protegía y la llegada a Girón. Ese último Día.

Éramos un grupito con miguel al frente. El nos dijo: hasta la playa y respondimos , sí, hasta la playa. No sabíamos dónde estaba la playa pero seguimos combatiendo adelante.”

Rubén descansa un momento. Ordena unos papeles. Sus manos tiemblan. Está al final de Playa Girón, con 14 años, y me confiesa:

Miguel me grita, Rubén corre que esos hijoeputas se van huyendo y le caemos atrás a un grupito de mercenarios, somos nosotros dos y otro miliciano.

En el tiroteo hieren a Miguel y eso me enardece. Corremos tirando contra el enemigo. Me detengo junto a Miguel, mira que herirlo en este momento. El otro miliciano corre por la ciénaga para detener al mercenario que quedaba y yo me quedo solo con el herido.

En eso se forma un gran tiroteo, pienso que es una ofensiva mercenaria; pero no, son los nuestros celebrando. Hemos ganado.

Por el camino veo al miliciano, con el fusil en el piso que regresa. Nos pasa por al lado y no nos reconoce. No sé si mató al mercenario, o lo entrego, No sé si se le escapó. Y comienzo a llorar. Creo que fue la tensión del momento, o por estar vivo. Miguel me ve llorando y me dice, qué pasa, Dominguín, tú no dices que eres un hombre. Qué haces llorando. Miro a Miguel, me paso la mano por el rostro y le respondo, No Miguel, si yo no estoy llorando.

OTROS FRENTES, OTROS HORIZONTES, OTRAS BATALLAS.

 

 

 

 

 

 

 

El entrevistado vuelve a la escuela y luego pasa el curso de cadete. Se enrola en un batallón de la lucha contra bandidos y pasa el resto de los años 60 en la limpia de Pinar del Rio y Matanzas. Ya es radiotelegrafista y jefe de una dotación.

En esta atapa nos montan en un barco y pienso que vamos para Isla de Pinos. Pero el viaje se hace muy largo y, de noche nos desembarcan en un puerto africano. Me entero que estamos en Argelia. Son seis meses de combate y marchas por el desierto, con tremendo calor por el día y un frío que pela por la noche. Soy el único pinero que tiene esa misión.

De regreso estuve en la lucha contra piratas, en lo que es hoy, guardafronteras. Cuidábamos los cayos frente a Varadero y Cárdenas, cada 15 días. Eso sí fue duro. Metidos en el agua, con mosquitos y jejenes, sin dejarnos ver de nadie. Esa fue una escuela de seis meses.

Culminé la tarea y me mandaron a estudiar. Cuando me gradué fui enviado a Isla de Pinos, aquí hice mi vida, me enamoré y me casé. Todos los años hablamos con los combatientes de Girón y de otras experiencias fui cuadro del Comité Municipal del Partido por 25 años y estuve al frente de la creación de las zonas de defensa y de prepararnos para la guerra de todo el pueblo.

Este año será el primero donde celebraremos los actos de Girón sin el Comandante en jefe Fidel Castro. Pero su presencia, como ha sido siempre, estará aquí, guiándonos en el combate.”

Rubén me muestra un pedazo del periódico Victoria. Son palabras expresadas por Fidel hace más de 25 años donde señala que: la verdadera dimensión de la victoria de Giron fue derrtar al enemigo en poco tiempo y no permitir la creación de una cabeza de playa.”Girón significó que los que allí cayeron, preservaron la vida de cientos de miles de cubanos.”

Me mira y asevera: “estas palabras y otras más, las repito en los actos, como homenaje al Comandante y a los caidos en esa importante batalla”.

Quienes no lo conocen, piensan que ese viejo no tiene historia. Al oir esto, el entrevistado sonríe, es mucha su modestia. Cuando le pregunto por el héroe, Rubén mira a los lados y yo que pienso marcharme le sonrío y expreso: “ No te preocupes en encontrarlo, Rubén, porque el héroe eres tú.”

 

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